lunes, 27 de abril de 2015



                       Dark Soul



Prólogo

  Leonard Hawtorn escuchaba atentamente las palabras de su padre, sin apartar los ojos de la alta figura de su progenitor que permanecía de pie junto a la ventana con la mirada perdida en la noche.
- Las mujeres, hijo mío, son seres insignificantes creadas solo para que nosotros obtengamos placer con el uso de sus cuerpos. Todas sin ecección son unas perras traicioneras indignas de confianza y las mujeres humanas son aun peores. Esas son solo parásitos que han vivido durante siglos vendiendo sus cuerpos al mejor postor – anunció Brian Hawtorn volviéndose para clavar sus brillantes ojos azules en su hijo – Leon, si los seres humanos son inferiores a los vampiros y por ellos solo merecedores de ser tratados como ganado, las hembras de esa especie son lo peor de ese ganado. Por eso, hijo, nunca tomes a ninguna de ellas como tu compañera. Bebe su sangre y usa sus cuerpos y deshazte de ellas cuando hayas terminado. ¿Has entendido todo lo que te he dicho Leon?
Leonard asintió rotundamente con la cabeza totalmente convencido de que su padre tenía toda la razón. Después de todo a los tres años había comprobado personalmente lo traicioneras e indignas de confianza que eran las mujeres ¿O a caso su propia madre no se había marchado dejándolo sin mirar a tras? Tara Mawere había convivido con su compañero medio siglo y entonces tres años después del nacimiento de su primer hijo hizo la maletas y dejo la tribu para volver junto a su Clan. Si pensó Leon no se puede confiar en las mujeres ni siquiera en la madre de uno.
No muy lejos de allí Tara Mawere Hawtorn se revolvía inquiera en su cama extrañando el calor del cuerpo de su compañero y el sonido de su voz. Durante el día ignorar su ausencia era más fácil, enterrada en las obligaciones que la dirección del Clan conllevaba apenas tenia tiempo para pensar, pero por la noche las horas solitarias parecían durar una eternidad y su cuerpo se retorcía en la cama, ardiendo, anhelando el contacto de las manos de su compañero. Sabiendo que no conseguiría conciliar el sueño hasta pasada la media noche salto de la cama y envolviendo su espectacular desnudez en una capa  salio por la puerta que daba al parapeto. El primer contacto con el aire frío de la noche hizo que todo su cuerpo se estremeciera. Lentamente, con la mirada perdida en la oscuridad, se alejo de la protección del muro de piedra gris. Como si la estuviera esperando una ráfaga de aire helado barrio el parapeto en el mismo momento en el que ella alcanzaba su borde. El viento se enredo en su cabello de ébano agitándolo a su alrededor. Ella la dio la bienvenida al frío rogando para que este calmara el ardor de su cuerpo y sabiendo, a pesar de todo, que ningún viento helado conseguiría apagar jamás el fuego que ardía en lo más profundote su corazón y le abrasaba el alma. Así, envuelta en la oscuridad, dejo que su mente navegara por las turbulentas aguas del pasado.

Aparcando su Harley frente a la puerta del local que se había puesto de moda en las últimas semanas Tara Mawere se apeo y con un gesto impaciente hecho su larga cabellera negra hacía atrás. Enfundada en un pantalón de cuero negro y con un mini top del mismo color su piel parecía aun más blanca y resaltaba en fuego rojo que ardía en sus ojos bordeados por largas y espesas pestañas. Sus seductores labios se fruncieron en un mohín de exasperación. Esperaba no encontrase con más vampiros en celo esa noche. Ya había tenido bastante con la estúpida pelea de gallos que habían organizados dos jóvenes cachorros del Clan del lobo en el ultimo local en el que había estado. Claro que el gallo ganador se habría llevado una desilusión al comprobar que su premio había volado. Suspirando camino hacía la puerta del local esperando terminar la noche de una manera más agradable. Sus labios se curvaron en una sonrisa anticipando los placeres que aun le aguardaban.  Con un poco de suerte esa noche  encontraría un nuevo amante que…
-   Vaya ¡Mira a quien tenemos por aquí! ¿Qué te trae por este lugar de perdición pequeño ruiseñor?
    Tara se volvió buscando entre las sombras la imponente mole del hombre del Clan del oso.
-   Tea sal de tu escondite…. Si es que no me tienes miedo claro.
Una fuerte carcajada rompió la quietud de la noche al tiempo que una sombra se separaba del resto y empezaba a dibujar la figura de un hombre. – Hay  pequeña sigues siendo igual de divertida que cuando eras una niña.
-  Se hace lo que se puede – dijo ella encogiéndose de hombros pero sus ojos brillaron divertidos.
- Y sigues siendo igual de bonita.
- ¿Solo bonita? – pregunto intentando parecer enojada por el comentario del hombre pero arruinándolo todo al sonreír. – Y tú sigues siendo igual de fuerte. Apuesto a que estos brazos como robles podrían aprisionar hasta la muerte a uno de esos feroces osos pardos de tus montañas.
El los brillantes ojos castaños de Colín se encendieron dos pequeños fuegos convirtiéndolos en estanques dorados – estos fuertes brazos como robles podrían estrecharte con mucha suavidad su tu quisieras.
Ella inclino la cabeza hacia un lado como si lo estuviera pensando – Umm, hace más de tres meses que deje a mi último amante. En realidad hoy venia buscando alguien que lo sustituyese ¿te interesaría ser ese alguien?
    Él gruño y al inclinar la cabeza para mirarla directamente a los ojos un mechón de cabello rojizo le cayó sobre los ojos  haciéndole parecer más joven. Cuando sus miradas se encontraron los ojos castaños se suavizaron. Su mano le acarició dulcemente la mejilla y una sonrisa triste curvo sus labios – pequeña sabes que si me tomaras como amante no te permitiría abandonarme después. También sabes que a un vampiro no lo puedes tratar como a uno de tus amantes humanos.
    Ella se enfureció y sus ojos brillaron – yo trato muy bien a mis amantes, sean humanos o no. Les brindo un placer infinito y adoro sus cuerpos. Incluso los amo, por un tiempo.  En todo caso nunca les miento y siempre dejo bien claro que la relación es solo temporal. Si a ellos les parece bien porque a vosotros no.
-    No es suficiente – dijo con un suspiro cansado. Ella miro los dos metros diez de curo músculo y el rostro apuesto en el que en esos momentos brillaban dos estanques dorados.
- Entonces lo siento mucho, Tea, porque es lo único que puedo ofrecerte.
- Lo se – dijo él sonriendo – y también se que tu compañero será un hombre afortunado al que envidiare siempre.
-  Tea, te conozco de toda la vida y puedes creerme cuando te digo que nada me gustaría más que tú fueras ese compañero.
-  Quizás…
-  No. Se que tú no eres él con tanta seguridad como se que esta cerca. Quizás en esta misma ciudad, en todo caso no demasiado lejos.
-  ¿Ya ha empezado?
Tara asintió. Los sueños premonitorios que anunciaban la llegada de su compañero habían empezado en el momento en que llego a San Francisco. Sabía que el tiempo de liberta que le quedaba se le acababa pero por extraño que pareciera eso que en otro tiempo había sido tan importante para ella ya no le importaba. Hacía un tiempo que sus amantes no conseguían retener su atención. Tal vez era que su alma deseaba algo más duradero, que anhelaba esa unión perfecta entre cuerpo y mente, espíritu y alma que era la unión entre compañeros. En todo caso todavía pretendía sacar el máximo provecho al tiempo que le quedaba.
- En ese caso, Tea, seguiré con mi búsqueda en otro lado.
El asintió y dándole la espalda volvió a perderse en la oscuridad.
Tara se volvió y entro en el local. Los ojos le escocieron debido al humo que se acumulaba en el garito. Sus ojos rojizos recorrieron el recinto inspeccionando a la gente que se reunía allí. Buscando… y entonces lo vio. Era casi tan alto como Colín y su cabello castaño dorado brillaba a pesar de la escasa iluminación. Aun sin poder verlos, porque él estaba de espalda a la entrada, sabía que sus ojos serían del color azul claro de una mañana de primavera. Como si hubiera sentido su mirada clavada en él se volvió y sus ojos se encontraron. Los ojos azules se clavaron en los de color rojizo.
Brian estaba aburrido. Esa noche no había encontrado nada que le llamara la atención. Estaba apunto de irse cuando sintió que alguien lo miraba. Irritado se volvió y sus ojos se encontraron con dos fuegos rojizos que parecían devorarlo. Eran los ojos más hermosos y extraños que hubiese visto nunca y el resto… Dios, ella era magnifica, pensó mientras sus ojos barrían de arriba hacia abajo su esbelta figura de curvas redondeadas ¡Y que curvas!
-    ¿te gusta lo que ves?
 Sus ojos volvieron a subir deteniéndose en el rostro y entonces la reconoció, su compañera. Llevaba semanas buscándola, desde que las imágenes eróticas comenzaron a introducirse en sus sueños. Fue entonces cuando supo que ella estaba en la ciudad y decidió dedicar todos sus esfuerzos a encontrarla, claro que no había esperado que fuera ella quien lo encontrase a él. Los seductores labios femeninos se curvaron en una sonrisa y Brian no pudo evitar sonreír a su vez. La muy condenada sabía lo hermosa que era y…. maldición a donde iba ella. Mientras los ojos de él recorrían su cuerpo deteniéndose en cada curva Tara decidió que él estaba demasiado pagado de si mismo y no le vendría mal una pequeña lección.  Por eso cuando su mirada volvió de nuevo a su rostro sonrió y se giro para abandonar el local. Si el quería reclamarla antes tendría que atraparla.
-   No podrás escapar de mi pequeña.
-   Lo se. Pero te haré sudar un poco antes de atraparme.
-  ¿De verdad? – pregunto él al mismo tiempo que atravesaba en local a grandes zancadas. En un  tiempo record llego a la entrada del garito y se perdió en la oscuridad. Sin detenerse a mirar entre las sombras supo que ella ya no estaba allí. Maldiciendo se dirigió al callejón donde había dejado su jaguar y de un salto se puso ante el volante. Agudizando sus sentidos detecto la dirección en la que se había marchado ella. Muchacha lista pensó. Ella había tomado la calle que se dirigía en diagonal hacía el puente, sabiendo que ese era el camino más corto. Lo que ella no podía saber era que hacía la derecha había unos túneles subterráneos muy antiguos que recorrían San Francisco de un extremo a otro y que conducían en línea recta hacia el puente.
Tara sonreía al recordar la cara que se le había quedado al verla salir del local. Si él se pensaba que su presa se iba a dejar atrapar fácilmente se llevaría una sorpresa. Pero la que se sorprendió fue ella cuando al llegar a la colina que bajaba hacia el puente lo vio en la entrada tranquilamente apoyado en el capo del coche. La sonrisa que había en sus labios se ensancho. Esta bien, quizás había ganado esa carrera pero la verdadera batalla estaba aun por librarse.
Brian la vio aparecer en la cima de la colina y girar sobre la rueda trasera para volver sobre sus pasos. Maldiciendo volvió a subirse al coche y entonces la vio aparecer de nuevo y lanzarse a toda velocidad directamente sobre él. ¡Dios esa mujer estaba loca! En el  último momento la Harley se alzó sobre la rueda de atrás y el impulso de la carrera la hizo saltar hacia delante por encima del coche para detenerse en mitad del puente. Brian vio como se quitaba el casco y su larga cabellera oscura flotaba a su alrededor como un manto de seda negra. La comisura de sus labios se curvo hacia arriba y el sonido de su risa llego hasta él arrastrada por el viento. Sus palabras sonaron directamente en su cabeza: “La próxima vez, mi amor, no des la batalla por ganada antes de librarla” y con un gesto militar se despidió. “Nos veremos pronto cariño” fueron sus últimas palabras antes de perderse en la oscuridad. “Más pronto de lo que piensas pequeña” se prometió el mientras ponía en marcha el jaguar.
    Al llegar a su apartamento Tara se desvistió y se metió en la cama. Al final la noche se había arreglado bastante bien, incluso me he divertido pensó y sus labios se curvaron en una sonrisa al recordar la cara que había puesto el hombre al ver como la Harley saltaba sobre su precioso coche. En cuanto se quedo dormida las imágenes comenzaron a desfilar ante ella.
.........
Se encontraba en una habitación preparándose para encontrase con alguien. Sentía un poco de miedo y también estaba un poco excitada por el encuentro. Miles de preguntas pasaban a toda velocidad por su mente ¿Cómo seria él? ¿Seria amable o cruel? ¿Increíblemente apuesto o feo? Unos golpes en la puerta de su habitación le avisaron de que la hora había llegado. Peinando por última vez su larga cabello oscuro se puso una capa de terciopelo negro sobre el inmaculado vestido blanco de corte griego y se volvió para mirarse por última vez en el espejo. El enorme rubí rojo que descasaba sobre sus pechos brillo a la luz del fuego que ardía en la chimenea. Ella irguió la espalda y alzando la cabeza se volvió para enfrentarse con su destino. Por un momento sus ojos parecieron arder como dos pequeñas hogueras y tomaron un color parecido al del rubí. Al salir de la habitación se dio cuenta de que los pasillos que conducían al parapeto estaban desiertos. Sin que su paso vacilase camino con la  vista al frente. No sabía que sucedería esa noche pero para bien o para mal su vida cambiaria en el mismo momento en que entrara en la habitación donde él la esperaba. No, se corrigió, su destino había sido decidido en el mismo momento en el que él apareció para salvar a su pueblo de la destrucción. Después de todo que era una vida, su vida, cuando estaba en juego la supervivencia de un pueblo. La luz de las antorchas vacilo cuando ella llego a la mitad del parapeto. Se detuvo un momento para observar por última vez aquella vista. El viento helado barrio el parapeto y con el viento llego él. Ella se volvió para ver la figura de un hombre que se separaba de las sombras. Él se acerco para detenerse a unos metros de la joven. “ven” dijo extendiendo la mano hacía ella y sin vacilar la joven dio los últimos pasos que la separaban de su destino y coloco su mano en la de él. El hombre la atrajo hacia sí y clavo su mirada en el par de ojos rojizos que lo observaban. La muchacha se estremeció y el la atrajo más hacia él y rodeándole la cintura con su fuertes brazos la envolvió en su calor. Lentamente, sin soltarla, la hizo caminar hasta el final del parapeto y entrar por una enorme puerta de madera. En la espaciosa habitación iluminada por la vacilante luz de las velas el único mobiliario era una gran cama con cuatro doseles de bronce. Él le aparto cuidadosamente el cabello para poder besarle el cuello mientras sus labios subían lentamente hacia su oreja. La lengua se hundió en su oído y  una de  sus manos se ahueco sobre su pecho, acariciando a través de la fina tela el pecho que en seguida se endureció en respuesta de la caricia. Un gemido de place se escapo de entre los labios entre abiertos de la joven.  Pero sin detenerse los labios y la mano del hombre siguieron ejerciendo su magia. Cuando los dos pezones estuvieron duros y erguidos su mano de deslizo lentamente por el plano vientre de la joven para recoger el ruedo de su vestido y volver a ascender lentamente por el interior del muslo de la muchacha. Ella contuvo el aliento al sentir el aire frío sobre su piel desnuda. Pero al minuto siguiente ardía allí donde su mano la tocaba. Cuando la mano del hombre llego al final de su recorrido y se ahueco sobre su monte de Venus la muchacha soltó bruscamente el aire y todo su cuerpo se tenso para relajarse un minuto después cuando sus dedos se enredaron en los sedosos rizos y  encontraron la entrada a la calidez de su cuerpo. Solo para volver a tensarse cuando sus mágicos, maravillosos, dedos  empezaron acariciar en tierno capullo de su feminidad. Su cuerpo volvió a tensarse hasta  el límite de ruptura y entonces se detuvo y ella tuvo ganas de gritar que continuara. La voz de el sonó suave en su oído cuando le pregunto “¿Vienes voluntariamente a mí?” Como ella no contesto sus dedos comenzaron a moverse de nuevo, acariciando seduciéndola lentamente. “contesta” le ordeno el suavemente antes de realizar un giro con la muñeca y hundirse en su interior. Ella jadeo y los dedos de él comenzaron a moverse en su interior, justo cuando creía que algo iba a romperse dentro de ella sus dedos dejaron de moverse y un gemido de protesta escapo de entre sus labios. “Contesta” volvió a pedirle él. “Si” susurro ella. “Sí ¿Qué?” la presiono el volviendo a mover sus dedos. “Si…. Vengo voluntariamente… sin ningún tipo de coacción” respondió ella entre jadeos. Él introdujo otro dedo a la vez que su lengua volvía hundirse en el oído de la joven y entonces todo pareció explotar a su alrededor. El cuerpo de la muchacha se relajo contra el duro pecho y si el no la hubiera tenido agarrada por la cintura habría caído al suelo. Él hizo que se girara para mirarlo a los ojos y vio que los de la joven aun estaban nublados. Sus  miradas se cruzaron y ella le acaricio la mejilla “a sido….” Se detuvo buscando las palabras que describieran todo lo que había sentido. Él la beso dulcemente y sonriendo le susurro “eso solo a sido el comienzo mi amor” y alzándola entre sus brazos la llevo a la enorme cama. Esa noche él venero su cuerpo, amándolo lenta y suavemente, y solo después de que su cuerpo dejara de temblar por tercera vez decidió que la próxima vez la acompañaría hasta ese mundo de puro éxtasis. Él bajo la cabeza para mirarla y vio que en sus ojos brillaban traviesos. Ella alzo la mano y otra vez de encontraron en el parapeto completamente vestidos. Esta vez fue ella la que extendió la mano y dijo “Ven”. Él la miro perplejo y entonces ella rió. “como as conseguido dominar mi sueño y escapar de mi seducción” pregunto. “te olvidas mi amor, que yo no soy una de esas doncellas mortales que antaño os entregaban en sacrificio. Yo tengo los mismos poderes que tú y por eso he podido escapar de tu fantasía….” Sus labios se curvaron suavemente “….cuando lo que considerado oportuno”.
    El sueño se desvaneció y Tara despertó y se estiro sobre la cama, todo su cuerpo estaba relajado. Al otro lado de la ciudad Brian también despertó con el cuerpo completamente excitado. Maldiciendo se levanto de la cama y entro en el cuarto de baño. Iba a necesitar una ducha helada. La voz de ella llego suavemente cuando las primeras gotas de agua caían sobre su piel “cuando decida que ha llevado la hora de que seamos amantes serás  tu el que venga a mi, cariño” dijo ella y Brian noto la risa que había en sus palabras.
    No tardo mucho en decidir que no deseaba esperar mucho más. En realidad solo jugo al gato y al ratón con él durante dos noches más antes de dejar que la encontrara. Aquella noche había preparado un escenario perfecto para seducirlo en una pequeña finca a las afueras de la ciudad. Tara saboreaba una copa de champán cuando el entro por la puerta de la terraza. En el momento en él que entro en la habitación el aire se lleno de tensión sexual. Pero la mujer no se volvió a mirarlo y camino hacia la pequeña piscina de agua perfumada que había en la habitación. Dejo caer lentamente la bata de seda blanca que llevaba puesta y se sumergió en la piscina. El agua fue cubriendo poco a poco su desnudez y solo cuando le cubrió unos centímetros por encima de su monte de venus se volvió para mirar al hombre. Extendiendo la mano hacia él dijo: Ven. Brian contuvo el aliento al ver la hermosa ninfa que lo invitaba a reunirse con ella en el agua. Allí, con miles de pétalos de rosas a su alrededor y la tenue luz de las velas reflejada en las profundidades de sus ojos rojizos parecía una diosa pagana invitándolo a que compartiera con ella placeres nunca antes conocidos. Con un gemido de rendición el hombre se despojo en unos minutos de su ropa y se reunió con ella. En esa ocasión él le hizo el amor de una manera salvaje, arrasadora. Juntos alcanzaron el cielo y descendieron al infierno. Consumiendo el fuego que los quemaba por dentro. Mucho después de que el agua de la piscina se hubiera quedado fría él la alzo en sus brazos y la llego a la cama donde hicieron el amor otra vez. En esta ocasión con mucha lentitud saboreando y memorizando cada rincón de sus cuerpos y cuando alcanzaron el paraíso, juntos, Brian hundió sus dientes en la unión de entre sus pechos y bebió su sangre mientras la llenaba con su vida, mientras ella gritaba su nombre. Más tarde era él quien gritaba su nombre cuando Tara hizo que alcanzara el orgasmo más fabuloso de su vida mientras hundía sus dientes en su cuello.   
  Ya clareaba cuando ambos se quedaron dormidos, exhaustos, uno en los brazos del otro y sus miembros entre lazados. Poco antes de sucumbir a la languidez del sueño Tara pensó que aquella noche había sido el comienzo de un sueño……
De una pesadilla pensaba Tara ahora. Luego se reprendió. En realidad todo había sido perfecto al principio. Ella había estado tan inmersa en su nube de felicidad que no se había dado cuenta de las atrocidades que los miembros de la tribu del Fénix cometían contra los seres humanos, sobre todo con las mujeres. No lo puso hasta aquella noche, hace seis años, cuando se despertó en mitad de la noche y se dio cuenta de que estaba sola en la gran cama. Echando de menos el calor del cuerpo de Brian junto a ella se levanto con el firme propósito de encontrarlo y convencerlo para que volviera con ella a la cama. Antes de bajar al piso de abajo para buscar a su marido pasó al cuarto de su hijo para ver como estaba. El niño estaba profundamente dormido con las mantas echas un enredo a los pies de su camita. Tara se había acercado y arropado. Antes de salir de la habitación no pudo resistir el impulso de acariciar la pequeña cabecita oscura de su hijo y besarle en la frente. Después, sin hacer ruido, cerró la puerta y se dirigió a la escalera. Al principio creyó que el piso de abajo estaba desierto pero después escucho unos ruidos procedentes del ala de la mansión ocupada por los hombres solteros de la tribu. Lentamente camino hacia la puerta del gran salón del que provenía el alboroto e hizo girar el pomo de la puerta. El espectáculo que había encontrado allí la paralizó por completo y la hizo palidecer.
    Las mujeres eran colocadas en una tarima y desnudadas antes de ser subastadas como antaño lo eran los esclavos. Cegada por la indignación había entrado el la habitación y soltado a las muchachas, algunas de las cuales no eran mayores de veinte años. Estas habían intentado escapar aunque fueron rápidamente dominadas por los hombres allí reunidos y entonces de entre el mar de rostros que la miraban furiosos vio el de su compañero que se acercaba a ella. La mirada fija, los músculos contraídos por la furia. Los que le rodeaban se apartaban a su paso como las aguas del mar rojo y en un segundo estuvo a su lado. La agarro por el brazo y la zarandeo.
- ¡¿Qué haces aquí?!- pregunto con un gruñido. – tienes prohibido venir a esta parte de la casa, es más, tu lugar esta en el piso de arriba donde yo te deje. En la cama, en mi cama.
    Su genio estallo haciendo que se olvidara del miedo que había sentido minutos antes al ver como se  le acercaba.
-  ¿Dónde tú me dejaste?- susurro ella - ¡donde tú me dejaste! – volvió a repetir ella esta vez a gritos – como te atreves a hablar de mi como si fuera un objeto que puedas coger y dejar a tu antojo. Tu…… tu solo eres un bastardo, un engendro del demonio, un cabrón sin sentimientos ni emociones, un……
-   Vasta – grito él alzando la mano para golpearla. Ella cerró los ojos esperando el golpe sin retroceder. Sabiendo en con ese golpe el mataría todo lo que sentía por él. Pero el golpe no llego y cuando abrió los ojos vio como el bajaba la mano y la estrechaba entre sus brazos. Ambos temblaban uno en los brazos del otro. Las lágrimas descendieron por sus mejillas mientras los sollozos hacían que todo su cuerpo temblara.
- Por favor Brian diles que no pueden hacer esto – sollozo ella.
- Tranquila mi amor. Te llevare de nuestra habitación y todo estará bien…
- No – dijo ella – nada estará bien hasta que ellos no dejen de hacer esto. Tienes que ordenarles que se detengan…… por favor…
- No puedo Tara, esta es nuestra forma de vivir. Así es como ha sido siempre desde el principio de los tiempos.
- ¡pero es inhumano!
- Nosotros no somos humanos Tara. Somos vampiros y estamos por encima de la humanidad.
- ¡no! Eso no es verdad. Los miembros de los Clanes donde yo nací respetan a los seres humanos y los tratan como a iguales. Incluso muchos de ellos toman a mujeres humanas como compañeras. Nosotros no somos tan diferentes a ellos como piensas, si nos hieren también sangramos y si nos golpeamos también nos salen hematomas. ¿Entonces en que nos diferenciamos? – Se aporto para mirarlo a los ojos y continuo - Brian yo no puedo vivir en un sitio donde se maltrate a otro ser vivo y mucho menos a un ser humano. Por eso te pido que evites que lo de esta noche vuelva a suceder o……- trago con dificultad y termino – o tendré que irme.
    Brian miro a la mujer con la que había compartido los últimos cincuenta años y vio la resolución ardiendo en sus ojos. En ese momento una capa de hielo cubrió su corazón – si es eso lo que deseas…… que así sea, pero mi hijo no saldrá de esta casa - y salio de la habitación. Esa misma noche salio de aquella casa dejando atrás a las dos personas que más amaba.
    Tara se seco las lágrimas que habían empezado a caer por sus mejillas y suspirando miro el cielo. La media noche ya había pasado llevándose con ella los recuerdos y los anhelos. Pronto amanecería y con el nuevo día llegarían las obligaciones y responsabilidades que mantendrían alejados los recuerdos.

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