Dark
Soul
Prólogo
Leonard Hawtorn escuchaba atentamente las palabras de su padre, sin apartar los
ojos de la alta figura de su progenitor que permanecía de pie junto a la
ventana con la mirada perdida en la noche.
- Las
mujeres, hijo mío, son seres insignificantes creadas solo para que nosotros
obtengamos placer con el uso de sus cuerpos. Todas sin ecección son unas perras
traicioneras indignas de confianza y las mujeres humanas son aun peores. Esas
son solo parásitos que han vivido durante siglos vendiendo sus cuerpos al mejor
postor – anunció Brian Hawtorn volviéndose para clavar sus brillantes ojos
azules en su hijo – Leon, si los seres humanos son inferiores a los vampiros y
por ellos solo merecedores de ser tratados como ganado, las hembras de esa
especie son lo peor de ese ganado. Por eso, hijo, nunca tomes a ninguna de
ellas como tu compañera. Bebe su sangre y usa sus cuerpos y deshazte de ellas
cuando hayas terminado. ¿Has entendido todo lo que te he dicho Leon?
Leonard
asintió rotundamente con la cabeza totalmente convencido de que su padre tenía
toda la razón. Después de todo a los tres años había comprobado personalmente
lo traicioneras e indignas de confianza que eran las mujeres ¿O a caso su
propia madre no se había marchado dejándolo sin mirar a tras? Tara Mawere había
convivido con su compañero medio siglo y entonces tres años después del
nacimiento de su primer hijo hizo la maletas y dejo la tribu para volver junto
a su Clan. Si pensó Leon no se puede confiar en las mujeres ni siquiera en la
madre de uno.
No muy
lejos de allí Tara Mawere Hawtorn se revolvía inquiera en su cama extrañando el
calor del cuerpo de su compañero y el sonido de su voz. Durante el día ignorar
su ausencia era más fácil, enterrada en las obligaciones que la dirección del
Clan conllevaba apenas tenia tiempo para pensar, pero por la noche las horas
solitarias parecían durar una eternidad y su cuerpo se retorcía en la cama,
ardiendo, anhelando el contacto de las manos de su compañero. Sabiendo que no
conseguiría conciliar el sueño hasta pasada la media noche salto de la cama y
envolviendo su espectacular desnudez en una capa salio por la puerta que
daba al parapeto. El primer contacto con el aire frío de la noche hizo que todo
su cuerpo se estremeciera. Lentamente, con la mirada perdida en la oscuridad,
se alejo de la protección del muro de piedra gris. Como si la estuviera
esperando una ráfaga de aire helado barrio el parapeto en el mismo momento en
el que ella alcanzaba su borde. El viento se enredo en su cabello de ébano
agitándolo a su alrededor. Ella la dio la bienvenida al frío rogando para que
este calmara el ardor de su cuerpo y sabiendo, a pesar de todo, que ningún
viento helado conseguiría apagar jamás el fuego que ardía en lo más profundote
su corazón y le abrasaba el alma. Así, envuelta en la oscuridad, dejo que su
mente navegara por las turbulentas aguas del pasado.
Aparcando
su Harley frente a la puerta del local que se había puesto de moda en las
últimas semanas Tara Mawere se apeo y con un gesto impaciente hecho su larga
cabellera negra hacía atrás. Enfundada en un pantalón de cuero negro y con un
mini top del mismo color su piel parecía aun más blanca y resaltaba en fuego
rojo que ardía en sus ojos bordeados por largas y espesas pestañas. Sus seductores
labios se fruncieron en un mohín de exasperación. Esperaba no encontrase con
más vampiros en celo esa noche. Ya había tenido bastante con la estúpida pelea
de gallos que habían organizados dos jóvenes cachorros del Clan del lobo en el
ultimo local en el que había estado. Claro que el gallo ganador se habría
llevado una desilusión al comprobar que su premio había volado.
Suspirando camino hacía la puerta del local esperando terminar la noche de una
manera más agradable. Sus labios se curvaron en una sonrisa anticipando
los placeres que aun le aguardaban. Con un poco de suerte esa noche
encontraría un nuevo amante que…
-
Vaya ¡Mira a quien tenemos por aquí! ¿Qué te trae por este lugar de perdición
pequeño ruiseñor?
Tara se volvió buscando entre las sombras la imponente mole del hombre del Clan
del oso.
-
Tea sal de tu escondite…. Si es que no me tienes miedo claro.
Una
fuerte carcajada rompió la quietud de la noche al tiempo que una sombra se
separaba del resto y empezaba a dibujar la figura de un hombre. – Hay
pequeña sigues siendo igual de divertida que cuando eras una niña.
-
Se hace lo que se puede – dijo ella encogiéndose de hombros pero sus ojos
brillaron divertidos.
- Y
sigues siendo igual de bonita.
- ¿Solo
bonita? – pregunto intentando parecer enojada por el comentario del hombre pero
arruinándolo todo al sonreír. – Y tú sigues siendo igual de fuerte. Apuesto a
que estos brazos como robles podrían aprisionar hasta la muerte a uno de esos
feroces osos pardos de tus montañas.
El los brillantes
ojos castaños de Colín se encendieron dos pequeños fuegos convirtiéndolos en
estanques dorados – estos fuertes brazos como robles podrían estrecharte con
mucha suavidad su tu quisieras.
Ella
inclino la cabeza hacia un lado como si lo estuviera pensando – Umm, hace más
de tres meses que deje a mi último amante. En realidad hoy venia buscando
alguien que lo sustituyese ¿te interesaría ser ese alguien?
Él gruño y al inclinar la cabeza para mirarla directamente a los ojos un mechón
de cabello rojizo le cayó sobre los ojos haciéndole parecer más joven.
Cuando sus miradas se encontraron los ojos castaños se suavizaron. Su mano le
acarició dulcemente la mejilla y una sonrisa triste curvo sus labios – pequeña
sabes que si me tomaras como amante no te permitiría abandonarme después.
También sabes que a un vampiro no lo puedes tratar como a uno de tus amantes
humanos.
Ella se enfureció y sus ojos brillaron – yo trato muy bien a mis amantes, sean
humanos o no. Les brindo un placer infinito y adoro sus cuerpos. Incluso los
amo, por un tiempo. En todo caso nunca les miento y siempre dejo bien
claro que la relación es solo temporal. Si a ellos les parece bien porque a
vosotros no.
-
No es suficiente – dijo con un suspiro cansado. Ella miro los dos metros diez
de curo músculo y el rostro apuesto en el que en esos momentos brillaban dos
estanques dorados.
-
Entonces lo siento mucho, Tea, porque es lo único que puedo ofrecerte.
- Lo se –
dijo él sonriendo – y también se que tu compañero será un hombre afortunado al
que envidiare siempre.
-
Tea, te conozco de toda la vida y puedes creerme cuando te digo que nada me
gustaría más que tú fueras ese compañero.
-
Quizás…
-
No. Se que tú no eres él con tanta seguridad como se que esta cerca. Quizás en
esta misma ciudad, en todo caso no demasiado lejos.
-
¿Ya ha empezado?
Tara
asintió. Los sueños premonitorios que anunciaban la llegada de su compañero
habían empezado en el momento en que llego a San Francisco. Sabía que el tiempo
de liberta que le quedaba se le acababa pero por extraño que pareciera eso que
en otro tiempo había sido tan importante para ella ya no le importaba. Hacía un
tiempo que sus amantes no conseguían retener su atención. Tal vez era que su
alma deseaba algo más duradero, que anhelaba esa unión perfecta entre cuerpo y
mente, espíritu y alma que era la unión entre compañeros. En todo caso todavía
pretendía sacar el máximo provecho al tiempo que le quedaba.
- En ese
caso, Tea, seguiré con mi búsqueda en otro lado.
El
asintió y dándole la espalda volvió a perderse en la oscuridad.
Tara se
volvió y entro en el local. Los ojos le escocieron debido al humo que se
acumulaba en el garito. Sus ojos rojizos recorrieron el recinto inspeccionando
a la gente que se reunía allí. Buscando… y entonces lo vio. Era casi tan alto
como Colín y su cabello castaño dorado brillaba a pesar de la escasa
iluminación. Aun sin poder verlos, porque él estaba de espalda a la entrada,
sabía que sus ojos serían del color azul claro de una mañana de primavera. Como
si hubiera sentido su mirada clavada en él se volvió y sus ojos se encontraron.
Los ojos azules se clavaron en los de color rojizo.
Brian
estaba aburrido. Esa noche no había encontrado nada que le llamara la atención.
Estaba apunto de irse cuando sintió que alguien lo miraba. Irritado se volvió y
sus ojos se encontraron con dos fuegos rojizos que parecían devorarlo. Eran los
ojos más hermosos y extraños que hubiese visto nunca y el resto… Dios, ella era
magnifica, pensó mientras sus ojos barrían de arriba hacia abajo su esbelta
figura de curvas redondeadas ¡Y que curvas!
- ¿te
gusta lo que ves?
Sus
ojos volvieron a subir deteniéndose en el rostro y entonces la reconoció, su
compañera. Llevaba semanas buscándola, desde que las imágenes eróticas
comenzaron a introducirse en sus sueños. Fue entonces cuando supo que ella
estaba en la ciudad y decidió dedicar todos sus esfuerzos a encontrarla, claro
que no había esperado que fuera ella quien lo encontrase a él. Los seductores
labios femeninos se curvaron en una sonrisa y Brian no pudo evitar sonreír a su
vez. La muy condenada sabía lo hermosa que era y…. maldición a donde iba ella.
Mientras los ojos de él recorrían su cuerpo deteniéndose en cada curva Tara
decidió que él estaba demasiado pagado de si mismo y no le vendría mal una
pequeña lección. Por eso cuando su mirada volvió de nuevo a su rostro
sonrió y se giro para abandonar el local. Si el quería reclamarla antes tendría
que atraparla.
-
No podrás escapar de mi pequeña.
- Lo
se. Pero te haré sudar un poco antes de atraparme.
- ¿De
verdad? – pregunto él al mismo tiempo que atravesaba en local a grandes
zancadas. En un tiempo record llego a la entrada del garito y se perdió
en la oscuridad. Sin detenerse a mirar entre las sombras supo que ella ya no
estaba allí. Maldiciendo se dirigió al callejón donde había dejado su jaguar y
de un salto se puso ante el volante. Agudizando sus sentidos detecto la
dirección en la que se había marchado ella. Muchacha lista pensó. Ella había
tomado la calle que se dirigía en diagonal hacía el puente, sabiendo que ese
era el camino más corto. Lo que ella no podía saber era que hacía la derecha
había unos túneles subterráneos muy antiguos que recorrían San Francisco de un
extremo a otro y que conducían en línea recta hacia el puente.
Tara
sonreía al recordar la cara que se le había quedado al verla salir del local.
Si él se pensaba que su presa se iba a dejar atrapar fácilmente se llevaría una
sorpresa. Pero la que se sorprendió fue ella cuando al llegar a la colina que
bajaba hacia el puente lo vio en la entrada tranquilamente apoyado en el capo
del coche. La sonrisa que había en sus labios se ensancho. Esta bien, quizás
había ganado esa carrera pero la verdadera batalla estaba aun por librarse.
Brian la
vio aparecer en la cima de la colina y girar sobre la rueda trasera para volver
sobre sus pasos. Maldiciendo volvió a subirse al coche y entonces la vio
aparecer de nuevo y lanzarse a toda velocidad directamente sobre él. ¡Dios esa
mujer estaba loca! En el último momento la Harley se alzó sobre la rueda
de atrás y el impulso de la carrera la hizo saltar hacia delante por encima del
coche para detenerse en mitad del puente. Brian vio como se quitaba el casco y
su larga cabellera oscura flotaba a su alrededor como un manto de seda negra. La
comisura de sus labios se curvo hacia arriba y el sonido de su risa llego hasta
él arrastrada por el viento. Sus palabras sonaron directamente en su cabeza: “La
próxima vez, mi amor, no des la batalla por ganada antes de librarla” y con
un gesto militar se despidió. “Nos veremos pronto cariño” fueron sus
últimas palabras antes de perderse en la oscuridad. “Más pronto de lo que
piensas pequeña” se prometió el mientras ponía en marcha el jaguar.
Al llegar a su apartamento Tara se desvistió y se metió en la cama. Al final la
noche se había arreglado bastante bien, incluso me he divertido pensó y sus
labios se curvaron en una sonrisa al recordar la cara que había puesto el
hombre al ver como la Harley saltaba sobre su precioso coche. En cuanto se
quedo dormida las imágenes comenzaron a desfilar ante ella.
.........
Se
encontraba en una habitación preparándose para encontrase con alguien. Sentía
un poco de miedo y también estaba un poco excitada por el encuentro. Miles de
preguntas pasaban a toda velocidad por su mente ¿Cómo seria él? ¿Seria amable o
cruel? ¿Increíblemente apuesto o feo? Unos golpes en la puerta de su habitación
le avisaron de que la hora había llegado. Peinando por última vez su larga
cabello oscuro se puso una capa de terciopelo negro sobre el inmaculado vestido
blanco de corte griego y se volvió para mirarse por última vez en el espejo. El
enorme rubí rojo que descasaba sobre sus pechos brillo a la luz del fuego que
ardía en la chimenea. Ella irguió la espalda y alzando la cabeza se volvió para
enfrentarse con su destino. Por un momento sus ojos parecieron arder como dos
pequeñas hogueras y tomaron un color parecido al del rubí. Al salir de la
habitación se dio cuenta de que los pasillos que conducían al parapeto estaban
desiertos. Sin que su paso vacilase camino con la vista al frente. No
sabía que sucedería esa noche pero para bien o para mal su vida cambiaria en el
mismo momento en que entrara en la habitación donde él la esperaba. No, se
corrigió, su destino había sido decidido en el mismo momento en el que él
apareció para salvar a su pueblo de la destrucción. Después de todo que era una
vida, su vida, cuando estaba en juego la supervivencia de un pueblo. La luz de
las antorchas vacilo cuando ella llego a la mitad del parapeto. Se detuvo un
momento para observar por última vez aquella vista. El viento helado barrio el
parapeto y con el viento llego él. Ella se volvió para ver la figura de un
hombre que se separaba de las sombras. Él se acerco para detenerse a unos
metros de la joven. “ven” dijo extendiendo la mano hacía ella y sin vacilar la
joven dio los últimos pasos que la separaban de su destino y coloco su mano en
la de él. El hombre la atrajo hacia sí y clavo su mirada en el par de ojos
rojizos que lo observaban. La muchacha se estremeció y el la atrajo más hacia
él y rodeándole la cintura con su fuertes brazos la envolvió en su calor.
Lentamente, sin soltarla, la hizo caminar hasta el final del parapeto y entrar
por una enorme puerta de madera. En la espaciosa habitación iluminada por la
vacilante luz de las velas el único mobiliario era una gran cama con cuatro
doseles de bronce. Él le aparto cuidadosamente el cabello para poder besarle el
cuello mientras sus labios subían lentamente hacia su oreja. La lengua se
hundió en su oído y una de sus manos se ahueco sobre su pecho,
acariciando a través de la fina tela el pecho que en seguida se endureció en
respuesta de la caricia. Un gemido de place se escapo de entre los labios entre
abiertos de la joven. Pero sin detenerse los labios y la mano del hombre
siguieron ejerciendo su magia. Cuando los dos pezones estuvieron duros y
erguidos su mano de deslizo lentamente por el plano vientre de la joven para
recoger el ruedo de su vestido y volver a ascender lentamente por el interior
del muslo de la muchacha. Ella contuvo el aliento al sentir el aire frío sobre
su piel desnuda. Pero al minuto siguiente ardía allí donde su mano la tocaba.
Cuando la mano del hombre llego al final de su recorrido y se ahueco sobre su
monte de Venus la muchacha soltó bruscamente el aire y todo su cuerpo se tenso
para relajarse un minuto después cuando sus dedos se enredaron en los sedosos
rizos y encontraron la entrada a la calidez de su cuerpo. Solo para
volver a tensarse cuando sus mágicos, maravillosos, dedos empezaron
acariciar en tierno capullo de su feminidad. Su cuerpo volvió a tensarse
hasta el límite de ruptura y entonces se detuvo y ella tuvo ganas de
gritar que continuara. La voz de el sonó suave en su oído cuando le pregunto
“¿Vienes voluntariamente a mí?” Como ella no contesto sus dedos comenzaron a
moverse de nuevo, acariciando seduciéndola lentamente. “contesta” le ordeno el
suavemente antes de realizar un giro con la muñeca y hundirse en su interior.
Ella jadeo y los dedos de él comenzaron a moverse en su interior, justo cuando
creía que algo iba a romperse dentro de ella sus dedos dejaron de moverse y un
gemido de protesta escapo de entre sus labios. “Contesta” volvió a pedirle él.
“Si” susurro ella. “Sí ¿Qué?” la presiono el volviendo a mover sus dedos. “Si….
Vengo voluntariamente… sin ningún tipo de coacción” respondió ella entre
jadeos. Él introdujo otro dedo a la vez que su lengua volvía hundirse en el
oído de la joven y entonces todo pareció explotar a su alrededor. El cuerpo de
la muchacha se relajo contra el duro pecho y si el no la hubiera tenido
agarrada por la cintura habría caído al suelo. Él hizo que se girara para
mirarlo a los ojos y vio que los de la joven aun estaban nublados. Sus
miradas se cruzaron y ella le acaricio la mejilla “a sido….” Se detuvo buscando
las palabras que describieran todo lo que había sentido. Él la beso dulcemente
y sonriendo le susurro “eso solo a sido el comienzo mi amor” y alzándola entre
sus brazos la llevo a la enorme cama. Esa noche él venero su cuerpo, amándolo
lenta y suavemente, y solo después de que su cuerpo dejara de temblar por
tercera vez decidió que la próxima vez la acompañaría hasta ese mundo de puro
éxtasis. Él bajo la cabeza para mirarla y vio que en sus ojos brillaban
traviesos. Ella alzo la mano y otra vez de encontraron en el parapeto
completamente vestidos. Esta vez fue ella la que extendió la mano y dijo “Ven”.
Él la miro perplejo y entonces ella rió. “como as conseguido dominar mi sueño y
escapar de mi seducción” pregunto. “te olvidas mi amor, que yo no soy una de
esas doncellas mortales que antaño os entregaban en sacrificio. Yo tengo los
mismos poderes que tú y por eso he podido escapar de tu fantasía….” Sus labios
se curvaron suavemente “….cuando lo que considerado oportuno”.
El sueño se desvaneció y Tara despertó y se estiro sobre la cama, todo su
cuerpo estaba relajado. Al otro lado de la ciudad Brian también despertó con el
cuerpo completamente excitado. Maldiciendo se levanto de la cama y entro en el
cuarto de baño. Iba a necesitar una ducha helada. La voz de ella llego
suavemente cuando las primeras gotas de agua caían sobre su piel “cuando
decida que ha llevado la hora de que seamos amantes serás tu el que venga
a mi, cariño” dijo ella y Brian noto la risa que había en sus palabras.
No tardo mucho en decidir que no deseaba esperar mucho más. En realidad solo
jugo al gato y al ratón con él durante dos noches más antes de dejar que la
encontrara. Aquella noche había preparado un escenario perfecto para seducirlo
en una pequeña finca a las afueras de la ciudad. Tara saboreaba una copa de
champán cuando el entro por la puerta de la terraza. En el momento en él que
entro en la habitación el aire se lleno de tensión sexual. Pero la mujer no se
volvió a mirarlo y camino hacia la pequeña piscina de agua perfumada que había
en la habitación. Dejo caer lentamente la bata de seda blanca que llevaba
puesta y se sumergió en la piscina. El agua fue cubriendo poco a poco su
desnudez y solo cuando le cubrió unos centímetros por encima de su monte de
venus se volvió para mirar al hombre. Extendiendo la mano hacia él dijo: Ven.
Brian contuvo el aliento al ver la hermosa ninfa que lo invitaba a reunirse con
ella en el agua. Allí, con miles de pétalos de rosas a su alrededor y la tenue
luz de las velas reflejada en las profundidades de sus ojos rojizos parecía una
diosa pagana invitándolo a que compartiera con ella placeres nunca antes
conocidos. Con un gemido de rendición el hombre se despojo en unos minutos de
su ropa y se reunió con ella. En esa ocasión él le hizo el amor de una manera
salvaje, arrasadora. Juntos alcanzaron el cielo y descendieron al infierno.
Consumiendo el fuego que los quemaba por dentro. Mucho después de que el agua
de la piscina se hubiera quedado fría él la alzo en sus brazos y la llego a la
cama donde hicieron el amor otra vez. En esta ocasión con mucha lentitud
saboreando y memorizando cada rincón de sus cuerpos y cuando alcanzaron el
paraíso, juntos, Brian hundió sus dientes en la unión de entre sus pechos y
bebió su sangre mientras la llenaba con su vida, mientras ella gritaba su
nombre. Más tarde era él quien gritaba su nombre cuando Tara hizo que alcanzara
el orgasmo más fabuloso de su vida mientras hundía sus dientes en su
cuello.
Ya
clareaba cuando ambos se quedaron dormidos, exhaustos, uno en los brazos del
otro y sus miembros entre lazados. Poco antes de sucumbir a la languidez del
sueño Tara pensó que aquella noche había sido el comienzo de un sueño……
De una
pesadilla pensaba Tara ahora. Luego se reprendió. En realidad todo había sido
perfecto al principio. Ella había estado tan inmersa en su nube de felicidad
que no se había dado cuenta de las atrocidades que los miembros de la tribu del
Fénix cometían contra los seres humanos, sobre todo con las mujeres. No lo puso
hasta aquella noche, hace seis años, cuando se despertó en mitad de la noche y
se dio cuenta de que estaba sola en la gran cama. Echando de menos el calor del
cuerpo de Brian junto a ella se levanto con el firme propósito de encontrarlo y
convencerlo para que volviera con ella a la cama. Antes de bajar al piso de
abajo para buscar a su marido pasó al cuarto de su hijo para ver como estaba.
El niño estaba profundamente dormido con las mantas echas un enredo a los pies
de su camita. Tara se había acercado y arropado. Antes de salir de la
habitación no pudo resistir el impulso de acariciar la pequeña cabecita oscura
de su hijo y besarle en la frente. Después, sin hacer ruido, cerró la puerta y
se dirigió a la escalera. Al principio creyó que el piso de abajo estaba
desierto pero después escucho unos ruidos procedentes del ala de la mansión
ocupada por los hombres solteros de la tribu. Lentamente camino hacia la puerta
del gran salón del que provenía el alboroto e hizo girar el pomo de la puerta.
El espectáculo que había encontrado allí la paralizó por completo y la hizo
palidecer.
Las mujeres eran colocadas en una tarima y desnudadas antes de ser subastadas
como antaño lo eran los esclavos. Cegada por la indignación había entrado el la
habitación y soltado a las muchachas, algunas de las cuales no eran mayores de
veinte años. Estas habían intentado escapar aunque fueron rápidamente dominadas
por los hombres allí reunidos y entonces de entre el mar de rostros que la
miraban furiosos vio el de su compañero que se acercaba a ella. La mirada fija,
los músculos contraídos por la furia. Los que le rodeaban se apartaban a su
paso como las aguas del mar rojo y en un segundo estuvo a su lado. La agarro
por el brazo y la zarandeo.
- ¡¿Qué
haces aquí?!- pregunto con un gruñido. – tienes prohibido venir a esta parte de
la casa, es más, tu lugar esta en el piso de arriba donde yo te deje. En la
cama, en mi cama.
Su genio estallo haciendo que se olvidara del miedo que había sentido minutos
antes al ver como se le acercaba.
-
¿Dónde tú me dejaste?- susurro ella - ¡donde tú me dejaste! – volvió a repetir
ella esta vez a gritos – como te atreves a hablar de mi como si fuera un objeto
que puedas coger y dejar a tu antojo. Tu…… tu solo eres un bastardo, un
engendro del demonio, un cabrón sin sentimientos ni emociones, un……
-
Vasta – grito él alzando la mano para golpearla. Ella cerró los ojos esperando
el golpe sin retroceder. Sabiendo en con ese golpe el mataría todo lo que
sentía por él. Pero el golpe no llego y cuando abrió los ojos vio como el
bajaba la mano y la estrechaba entre sus brazos. Ambos temblaban uno en los
brazos del otro. Las lágrimas descendieron por sus mejillas mientras los
sollozos hacían que todo su cuerpo temblara.
- Por
favor Brian diles que no pueden hacer esto – sollozo ella.
-
Tranquila mi amor. Te llevare de nuestra habitación y todo estará bien…
- No –
dijo ella – nada estará bien hasta que ellos no dejen de hacer esto. Tienes que
ordenarles que se detengan…… por favor…
- No
puedo Tara, esta es nuestra forma de vivir. Así es como ha sido siempre desde
el principio de los tiempos.
- ¡pero
es inhumano!
-
Nosotros no somos humanos Tara. Somos vampiros y estamos por encima de la
humanidad.
- ¡no!
Eso no es verdad. Los miembros de los Clanes donde yo nací respetan a los seres
humanos y los tratan como a iguales. Incluso muchos de ellos toman a mujeres
humanas como compañeras. Nosotros no somos tan diferentes a ellos como piensas,
si nos hieren también sangramos y si nos golpeamos también nos salen hematomas.
¿Entonces en que nos diferenciamos? – Se aporto para mirarlo a los ojos y
continuo - Brian yo no puedo vivir en un sitio donde se maltrate a otro ser
vivo y mucho menos a un ser humano. Por eso te pido que evites que lo de esta
noche vuelva a suceder o……- trago con dificultad y termino – o tendré que irme.
Brian miro a la mujer con la que había compartido los últimos cincuenta años y
vio la resolución ardiendo en sus ojos. En ese momento una capa de hielo cubrió
su corazón – si es eso lo que deseas…… que así sea, pero mi hijo no saldrá de
esta casa - y salio de la habitación. Esa misma noche salio de aquella casa
dejando atrás a las dos personas que más amaba.
Tara se seco las lágrimas que habían empezado a caer por sus mejillas y suspirando
miro el cielo. La media noche ya había pasado llevándose con ella los recuerdos
y los anhelos. Pronto amanecería y con el nuevo día llegarían las obligaciones
y responsabilidades que mantendrían alejados los recuerdos.
